Este blog pretende conformarse como un cajón de sastre de relatos personales, críticas de cine, comentarios de situaciones cotidianas, reflexiones personales sobre hechos y problemáticas generales.
Un archivador de apuntes particulares.

17 de agosto de 2018

Conexion: inicio-desarrollo-desenlace

Si uno se muestra, se arriesga a conectar. Esa exposición cual libro abierto para un ávido y selecto lector. Esa forma kamikaze de vivir la vida de forma honesta, de ir con la verdad por delante. Estar presente y vivir el momento, aprovechando el regalo de la vida y aceptando lo que ella traiga. Como cada vez que conoces a una persona y le ofreces tu corazón en la mano. El instante mágico en el que "alguien" recibe lo que das, lo toma y te lo agradece de forma genuina; lo toquetea un poco desde la inocencia, lo estruja un poquito,..., ese poquito que funciona como un masaje cardíaco que hace que vuelva a latir, que vuelva a la vida. Aunque como todo en la vida, todo se acaba: todo tiene su inicio, desarrollo y desenlace…

Unas veces el comienzo es inesperado, brutalmente rápido, un clic…. Otras es algo que se gesta, sin saber muy bien cómo, algo que crece dentro de uno, de manera un tanto subconsciente… y de repente florece, germina, echa raíces que se extienden por ti… Algo vivo como por generación espontánea, no sabes ni entiendes cómo ha podido llegar a ti la semilla… Espera un momento qué semilla. ¿Tomaste precauciones? Si ni siquiera te preocupaste por regar la tierra, tenía abono de más… Además el viento soplaba tanto que era imposible que nada surgiera… Eventualmente, después de tanto consultar el tiempo, uno se vuelve meteorólogo experto en poner las condiciones más desfavorables a su alcance.

Así pues, no había posibilidad de que nada se quedase plantado, tú vas siempre contra el viento de todos modos… Cuando vas a favor vas tan rápido que sólo disfrutas del aire en la cara, del chute de adrenalina, de la velocidad, en un estado de alerta distraída, pasando veloz entre la gente y los coches… Mirando las cosas pasar, sin detenerte a admirar, no vaya a ser que alguien te pille desprevenida, no vaya a ser que algo te distraiga, de ti, de tus sentimientos, de tus pensamientos… Darle a alguien la oportunidad de plantar algo en ti… Tú no necesitas una planta que cuidar, siempre las matas de todos modos, eres una terrible jardinera… Sólo se te da más o menos bien cuidar los cipreses que nacen en tu cementerio, las flores que nacen de las tumbas. Ya llevo unos cuantos cadáveres, todos dan buenos frutos. Qué bonitas son las flores de las tumbas, el verde salvaje que nace después de la muerte que trae la vida. Hace mucho que no visito un cementerio físico, debería pasarme por alguno y echar unas lúgubres fotos saturadas de luz, llenas de colores cálidos oscuros.


El nudo… El nudo puede dar par mucho, mucho por desenmarañar… o mucho por enredar. Mejor dedicarse a ello más adelante, requiere su tiempo. Enhebrar, empezar a tejer, darte cuenta de que se te ha saltado un punto a medio camino, intentar solventarlo, taparlo y esperar que no se note, rezar para que no se convierta en un agujero y se eche todo a perder. Darte cuenta de que cuentas con poco hilo como para sujetar nada, has gastado el que tenías en reforzar costuras que no paran de abrirse. Te pones a considerar soluciones chapuceras en vías de que aguante algo que ya ni está pendiente de un hilo.

Cuánta dedicación buscando la armonía de colores, el balance de luces y sombras. La constancia para descifrar y crear patrones comunes. Qué vulnerable entrega. Bendita paciencia asentada en la fe viendo cómo va creciendo, ajustando el espacio y el tiempo. La ilusión creativa de tener la posibilidad de realizar un proyecto común. El tesón de una confianza inquebrantable. Cuánta perseverancia requiere deshacer lo hecho, teniendo como base la esperanza de crear algo de nuevo, la positividad que destila el haber aprendido de los errores. Tampoco hay que obsesionarse, hay más labores a las que dedicarse. No creo que merezca la pena aferrarse a una bufanda que puede convertirse en tu soga. Prefiero saltar a la comba con ella. No obstante, al final tiré del lío y me líe a desenredar.

El desenlace siempre es doloroso. Es así. Es un hecho. Da igual si fue algo corto e intenso o largo y calmado… Siempre que algo se acaba, cuesta decir adiós. Despedirse de esa persona a la que pusiste a su disposición tu corazón: a veces en bandeja de plata, otras de forma un tanto tímida... Como abriendo una puertita pequeñita para que entre el sol y dejar ver algo de lo que hay dentro, lo mínimo para que alguien se asome y eche un vistazo… Una rendija que intenta contener la inmensidad, que tiende a escaparse a la mínima que ve una oportunidad de fuga.

Lo peor, o lo más bonito y difícil, es decir adiós cuando alguien también te ofrece su corazón. Te lo lanza en forma de canción, o te lo pone en la palma de la mano, listo para ser agarrado y hacer con él casi lo que quieras (que no es otra que amarlo, respetarlo y cuidarlo como el bendito tesoro que es). Algo tan frágil y a la vez tan impetuoso. Algo tan vulnerable y a la vez tan fuerte, palpitando, bombeando, contrayéndose y estirándose, con costuras, tiritas, cicatrices… Sólo es totalmente nuevo el de los niños antes de que nadie los hiera,…, luego es imposible dar con uno impoluto en los tiempos que corren. A todos nos dan palos, algunos sangran por más largo, algunos nunca sanan del todo, los achaques de la edad, las huellas visibles del tiempo y la experiencia.


Lo sé, no todo el mundo es igual. Hay algunos que lo cuidan mejor que otros (quizás no aprendieron, o nadie les enseñó a hacerlo de una forma sana). Los hay que juegan con él de una forma un tanto violenta, lo estrujan tanto que lo revientan; o no le prestan atención, mucho menos se les pasa por la cabeza agradecerlo… Otros juegan de forma un tanto maquiavélica, casi sádica… Y los que no se atreven ni a tocarlo demasiado, no vaya a ser que les manche de sangre y les contagie algo… Los menos, lo usan sin más, sin pedirte permiso, lo usan para su propio disfrute y beneficio, para sanarse, para sentirse mejor. Vete tú a saber qué fin último persiguen. No estoy hablando de usar y tirar, es peor si te reciclas, si permites que lo vuelvan a hacer.

Pero bueno, mejor quedarse con lo bueno, siempre. La memoria de lo vivido, los momentos compartidos juntos estando presentes, donde existían más cosas, pero nada realmente importaba. El poder recurrir a esos recuerdos y ser capaz de revivirlos cuando quieras, porque siguen estando en ti, presentes, disponibles para cuando los quieras volver a visitar. 

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